La importancia de la memoria colectiva - WikiHistoria
martes 28 de marzo del 2017

La importancia de la memoria colectiva

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Winston Churchill, historiador, primer ministro inglés y premio nobel de literatura, dijo alguna vez: «Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás». Poder mirar hacia atrás, contemplar nuestra historia basándonos en nuestra memoria colectiva, nos permitirá vislumbrar nuestro futuro como iglesia pentecostal del nombre de Jesucristo.

La importancia de esta memoria, reside en que nos permite hacer investigación, confirmar a los creyentes con la verdad y transmitirla sucesivamente a las nuevas generaciones.

El modelo de historiador eclesiástico por excelencia es el evangelista Lucas, autor del tercer evangelio, cuyo trabajo nos servirá de pauta en este artículo. Él escribió:

Muchos han intentado hacer una narración histórica de los hechos que se han cumplido entre nosotros, tal y como nos los transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y después recibieron el encargo de anunciar el mensaje. Por lo tanto, yo también, excelentísimo Teófilo, habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente, para que llegues a tener plena seguridad de la verdad que te enseñaron. (Lucas 1.1-4, paráfrasis).

Nos permite hacer investigación

Identificar, analizar y basarse en documentos previamente escritos para componer su evangelio, fue sin duda parte de la ardua labor del evangelista-historiador. Documentos como por ejemplo el relato evangélico de Marcos, del que Lucas contiene casi todo su material, según algunos especialistas; también una antigua fuente escrita de dichos de Jesús, denominada por los expertos como «Q» (del alemán Quelle, fuente), seguramente sirvieron de material, entre otros, para la redacción del documento del «médico amado».

Pero además de las fuentes escritas, las fuentes orales fueron de suma importancia. El viajar a los lugares donde se suscitaron los eventos, entrevistar y escuchar con atención a los testigos oculares y a los protagonistas de los hechos, fue también parte de la esmerada labor del investigador. Por citar unos pocos ejemplos, podríamos decir que sólo él narra con detalle lo sucedido a María, la madre de Nuestro Señor, en la Anunciación, su cántico conocido como El Magnificat, y la pérdida de Jesús en Jerusalén a los 12 años. Y lo narra (según especialistas) desde el punto de vista de la protagonista. Esto hace muy plausible la presunción de que dicha información proviene de una entrevista personal con ella. Algunos episodios como el del rechazo de Jesús en la sinagoga de Nazaret y su ministerio en la región de Perea, previo a su última semana de vida, testimonian la labor «periodística» del tercer evangelista al entrevistar a los testigos de los acontecimientos. Para Lucas era pues de la mayor importancia indagar todo lo relacionado con la vida y obra del «Hijo del Hombre», para ofrecer una narración fidedigna en todo sentido. Él mismo nos dice: «...habiendo investigado todo esto con esmero (esto es, cuidadosamente, con exactitud)…he decidido escribírtelo...». Nos ofrece así, una descripción plenamente fiable de lo ocurrido.

En lo que respecta a la IAFCJ, existe también un cúmulo de información sobre su origen, su desarrollo y el portentoso obrar de Dios en ella a los largo de las décadas. Esta abundancia de información se ha conservado en documentos, cartas, registros, actas, fotografías. Un importante número de fuentes escritas. No obstante, muchos de estos hechos también han sido atesorados en el recuerdo de testigos oculares y protagonistas de los sucesos. Toda esta riqueza de información histórica escrita y oral, constituye nuestra memoria colectiva.

Ha sido misión de consagrados hombres y mujeres, a semejanza de Lucas el evangelista, dedicarse a la cuidadosa investigación, análisis, preservación y transmisión a la posteridad de dicha memoria. Hombres como Maclovio Gaxiola López, con su Historia de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús en México y Manuel J. Gaxiola con La serpiente y la paloma en sus dos ediciones, sentaron precedentes en esta importante labor. Además de estos, contamos con Mis memorias de José Ortega Aguilar; con la Historia de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús en Tijuana (1927-1997) del Dr. Samuel López Torres; Cristianismo Apostólico en Puebla de nuestra hermana Lilia De Los Santos Magaña; Pasión, lucha y bendición, 40 años de historia de la Tercera Iglesia de Guadalajara, de Oscar E. Pérez; la de Enviados: 50 años después de la Primera Iglesia de San Luis Potosí de Domingo Torres A., etcétera.

Como parte de la celebración del centenario de la IAFCJ, hace tres años se inició un esfuerzo de investigación historiográfica por parte de su Mesa Directiva General. Para llevarlo a cabo se instituyó la Comisión de Investigación Histórica (CIH), un equipo de hombres y mujeres que se dedicó a indagar nuestra historia como denominación unicitaria pentecostal.

Esta investigación en nuestra memoria colectiva y sus hallazgos resultantes serían publicados en dos medios, la página impresa y la página electrónica, internet (este portal web que usted está visitando, precisamente). Labor muy importante en esto fueron las diversas comisiones designadas para la redacción del libro «Cien Años de Pentecostés, desde la vivencia de la IAFCJ». Los cronistas de las iglesias locales, coordinadores y editores distritales, y el equipo de capacitación y supervisión general, jugaron también un papel preponderante en la gran labor de publicación en internet. Todos estos hombres y mujeres mencionados, han hecho su más esmerado esfuerzo por cumplir con esa misión. Al buscar y revisar documentos, y en algunos casos visitar o viajar (incluso) para hacer entrevistas a los testigos oculares y escuchar los testimonios vivenciales de las últimas décadas. En suma, investigando, han hecho posible elaborar una reconstrucción fidedigna de lo acontecido.

Nos permite afirmar a los creyentes con la verdad

El objetivo primario de la narración histórica lucana fue sin lugar a dudas fortalecer la fe de Teófilo, un creyente cuya identidad precisa nos es difícil conocer del todo. Lucas mismo describió dicho propósito: «…excelentísimo Teófilo...para que llegues a tener plena seguridad de la verdad que te enseñaron».

Por supuesto, Lucas se está asegurando que el fortalecimiento de la fe de Teófilo, como creyente no judío, esté fundamentado en la veracidad de las cosas en las que ha sido enseñado. Es para ello, además de otros propósitos, que ha hecho su investigación. Y es tal el rigor científico de dicho trabajo y la confiabilidad de su relato, que le ha valido entre algunos eruditos el título de «El Tucídides cristiano». William Ramsay, historiador formado en la liberal escuela de Tubinga, alguna vez fue escéptico respecto a la confiabilidad de los relatos lucanos (su evangelio y el libro de Los Hechos). Pero después de recorrer durante años el mundo descrito en esos libros -especialmente el segundo de ellos-, llegó a la conclusión de que su autor no cometió un solo error al mencionar treinta y dos países, cincuenta y cuatro ciudades, nueve islas, decenas de títulos de funcionarios públicos así como de gobernantes; y esto, en las fechas correctas. El otrora escéptico, dijo de nuestro evangelista: «Pueden sujetar las palabras de Lucas a un análisis más riguroso que las de cualquier otro historiador, y resistirán el más agudo escrutinio y el más exigente examen». Teófilo podía estar confiado en lo que le han enseñado.

Si bien es cierto que la memoria colectiva de la IAFCJ nos permite hacer historia, como hemos dicho anteriormente, este quehacer tiene por objeto (no único pero sí muy importante), la confirmación o fortalecimiento de la fe de los creyentes. Pero este fortalecimiento debe, por supuesto, estar basado en la verdad. De ahí la gran necesidad de un proceso estricto de investigación, por medio del cual pueda llegar a conocerse la autenticidad de los hechos. Y es que cómo no va a sorprenderse el lector de esta narración y a verse confirmado en su fe al constatar, a través del veraz testimonio histórico que nuestro Dios, pese a todo pronóstico en contra en algunos casos, levantó y prosperó su obra en lugares insospechados. Lugares improbables debido a la oposición, o a la escasez de recursos, o la sencillez y modestia de sus hijos, los protagonistas humanos de esta historia. Dios también, por su oración, sanó enfermedades y por su predicación sincera del evangelio cambió corazones endurecidos, encaminándolos por la senda de la santidad.

El conocer nuestra historia y ponerla al alcance de nuestros lectores creyentes, promoverá el fortalecimiento de su fe, ya que a través del conocimiento fidedigno del obrar de Dios en medio de su pueblo en el pasado, podemos obtener la seguridad de su benévolo actuar hoy día y también en los años por venir.

Nos permite transmitirla sucesivamente

Se ha dicho que el objetivo primario de Lucas era fortalecer la fe de Teófilo. Sin embargo, su evangelio hace claro también el interés de Dios en la unificación de todas las cosas bajo Cristo, haciendo énfasis especial en los marginados y desposeídos. Esto, sin olvidar a los gentiles o no judíos (como lo era el destinatario) alejados hasta antes de la venida de Cristo, del pueblo de Dios. El relato de Lucas es universal, incluyente; por supuesto, evangelístico. De ahí su necesidad de escribir con este enfoque específico, a partir de la memoria colectiva de la iglesia primera. Identificamos también, en esta comunidad de fe y su cuidadosa custodia de la tradición oral, así como en el historiador cuyo trabajo escrito estamos considerando, un profundo interés en la preservación y sucesiva transmisión del mensaje. Él nos dice: «Muchos han intentado hacer una narración histórica...Por lo tanto, yo también...», y además: «...los hechos...tal y como nos los transmitieron...».

Aunado a lo anterior, es importante reflexionar en la significación del nombre Teófilo, «querido por Dios» o bien, «amigo de Dios», así como también en el título «excelentísimo» que utiliza el evangelista. Muy probablemente éste último tenga que ver con algún cargo o posición de importancia. Debido a esto, hay académicos que consideran que el destinatario bien pudo haber cumplido alguna función de mecenazgo o patrocinio a favor de Lucas. Por medio de esta función acaso financiara y distribuyera copias del tercer evangelio, como se acostumbraba hacer con otros autores y sus obras literarias en el mundo antiguo. De ser esto así, esta es una evidencia más de que el escritor estaba muy interesado en la transmisión sucesiva de su historia de las buenas nuevas a la posteridad. Ni duda cabe que tanto él como la iglesia primigenia se interesaron en dicha difusión, dado que su texto ha llegado hasta nosotros, superando las barreras del tiempo y la oposición, y nos sigue beneficiando casi dos mil años después.

El propósito del legado histórico de la IAFCJ es, indudablemente, fortalecer la fe de los creyentes, como se ha comentado ya. No obstante ello, también es hacer notorias las obras de Dios en el mundo contemporáneo y poner de manifiesto a nuestras futuras generaciones el interés que Él tiene por ellas, así como también por todos los que aún no son parte del pueblo de Dios. Asimismo se propone mostrar que Dios sigue y seguirá obrando en nuestra comunidad eclesial por medio de su presencia, y en nuestro mundo tan necesitado de redención, por medio de su palabra.

Marc Bloch, profesor de historia en la Sorbona de París escribió: «El cristianismo es una religión de historiadores». Nuestra denominación, como parte importante del cuerpo místico de Cristo, con este esfuerzo aquí descrito de manera breve, hace su labor y particular contribución a la corriente histórica del cristianismo de ayer y hoy. Pues no debemos olvidar que también esta transmisión y difusión del contenido de nuestra memoria colectiva va dirigida, además, a todos aquellos «amigos de Dios» en los círculos académicos. Aquellos que se interesan por, y están inmersos en, el mundo de la investigación del fenómeno religioso de México y otros países. Es esta también, nuestra aportación a tal disciplina.

Conclusión

No olvidemos que la importancia de nuestra memoria colectiva radica en que nos permite hacer investigación, afirmar a los creyentes con la verdad y transmitirla sucesivamente. Deseamos terminar enfatizando, de manera especial, esto último.

Todos conocemos lo que son las carreras de relevos. Esa disciplina deportiva en la que un equipo de varios atletas corren, entregándose entre ellos la estafeta (conocida también como «testimonio»), hasta arribar a la meta. Pero para hacerlo de manera exitosa, el primero que porta la estafeta debe entregarla al que le sucederá en el siguiente tramo de la pista, sin traspasar un tiempo límite. Y el que la ha tomado debe hacer lo mismo con el siguiente atleta y así de manera sucesiva, hasta llegar al final.

Con este esfuerzo de investigación y documentación de nuestra herencia histórica, la presente generación de apostólicos entrega la estafeta, el testimonio, a nuestra siguiente generación, con la solemne encomienda y encarecida súplica de que busque, por todos los medios a su alcance, transmitirla a la próxima. Y así de manera sucesiva, hasta la parusía, manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo. Así sea.


Por Rev. Enrique Chávez Velarde. Artículo originalmente publicado en la revista El Exégeta, septiembre 2014. Volumen conmemorativo de los 100 años de historia de la IAFCJ, disponible oprimiendo este enlace: [1].