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martes 23 de abril del 2019

Rosendo Pazos Mejía

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TESTIMONIO DEL HERMANO ROSENDO PAZOS MEJIA DE SU PASO POR LA IGLESIA APOSTÓLICA DE LA FE EN CRISTO JESÚS. Redactado por él mismo el 9 de Septiembre de 1994 a los 86 años de edad, en Nio, Guasave, Sin.

NOTA: Se ha tratado de cuidar en todo lo posible, la redacción original del mismo Hermano Rosendo.

Fecha de nacimiento: 1º de Marzo de 1908. Oí el Evangelio y lo acepté el año de 1937, el 16 de mayo en una oración a la edad de 29 años. Oí el testimonio del Evangelio, de ahí, llevé el testimonio a mi casa, a mi familia paterna. El sábado de esa misma semana llevé a un sobrino y a un hermano, el mayor. Regresaron dando testimonio del Evangelio a la misma familia. El 16 de junio del mes siguiente nos bautizamos mi mamá, mi hermano y yo.

Al año me quiso iniciar al ministerio el Pastor y Anciano de la Iglesia, Filiberto López Ortiz (finado), pero no acepté la iniciativa por no saber leer ni escribir. Pero en 1940, en Guamúchil, en una convención acepté la prueba del grado diaconal, que son 2 años de prueba. El que la cumpla y sale aprobado es ordenado y facultado y el que no, queda en la banca.

Entonces había 5 ministros ordenados y facultados para recibir iglesia a su cargo, porque había 10 miembros en la iglesia del Zapote de los Quezada, Durango que no tenían pastor y ninguno de los cinco que había quiso irse a hacer cargo de ellos. Entonces me preguntó a mi el Pastor: Y usted hermano Pazos ¿no le gustaría hacerse cargo de esos hermanos que están solos en Durango?. Mi respuesta fue esta: “Hermano, cuando yo acepté al Señor no lo acepté para hacer mi voluntad sino la de él. Si el Señor es conmigo, yo voy”. Fue mi resolución. Se inició el viaje. -No tengo fechas fijas de movimientos, esto es provisional-.

Llegamos al Zapote de los Quezada, Durango y me presento al Pastor y Anciano actual del presbiterio Badiraguato, Sinaloa, haciéndome cargo de esa iglesia y responsable de esos niños. Se presentaron algunos oyentes pidiendo el bautismo, para lo cual se les cita al siguiente día para que recibieran doctrina sobre el bautismo. Fueron 21 personas y después 10 más, en total se celebraron 31 bautismos. -Recibí, pues, la responsabilidad de un pastorado en mi prueba diaconal-. Otro día salimos al Rincón de Santa Rosa, Durango, donde vivía la pareja que había evangelizado esos lugares, para saber hasta donde me correspondía atender el trabajo. La comitiva formada de 17 hermanos siguieron su camino a Quebrada Honda, Durango, yo ya me quedé responsable de los miembros que se me entregaron a mi cargo.

Esa noche, en casa de mis hermanos, los que habían evangelizado, Domingo Higuera y su esposa Lidia, estando reunidos en oración por la noche y cantando el himno “La esperanza de todo cristiano”, -en hoja suelta, todavía no se imprimía el himnario-, entraron cuatro soldados por la puerta adentro donde estábamos reunidos, me recogieron la hoja del himno de las manos y toda la literatura bíblica que teníamos en la mesa y nos arriaron a una puerta inmediata. Entonces me di cuenta que la casa estaba sitiada de la cordada, porque entonces no se llamaban “judiciales”, se llamaban “cordada”. Tan presto llegamos al puerto vaciaron las literaturas al suelo, las despedazaron con unas dagas y las echaron al fuego y se quemaron. Entonces me formaron el cuadro, cortaron cartucho de sus rifles para fusilarme; al tercer tiempo les habló el jefe: “bajen sus armas, por esta vez no les vamos a hacer nada solo los vamos a castigar p’a que dejen sus diabluras”. Entonces le habló a uno de los soldados más fornidos y le dio la espada y la orden de que nos azotara a cuatro hombres y una mujer. Me formaron el cuadro y me desnudaron para azotarme, cada azote que me daban yo glorificaba a Dios y le daba gracias. Entonces un soldado me puso un rifle y me dijo: “cállese porque lo vuelo de un balazo”. Yo le contesté: “no glorifico a hombre sino a Cristo Jesús que murió por ti y por mi pero tu no lo entiendes”. Entonces me hicieron a un lado y pasaron a otro hermano que había sido bautizado en esos días. Con ese me gocé mucho porque glorificaba a Dios y le daba gracias a cada azote que le daban. El último hermano que fue azotado que yo no quería que lo bautizaran porque no estaba preparado y no quiso esperarse a recibir mas doctrina, pero siempre fue bautizado, ahí negó serlo, pero ya los soldados tenían la lista de los bautizados y así se lo hicieron saber. Ese hermano fue el que sintió más los azotes de los desamparados, porque Dios lo desamparó por negarlo.

De ahí fui vetado de mis facultades, que si sabían que tenía alguna reunión de oración, iban a fusilar a unos tres o cuatro para que se enmendaran los demás. Fui perseguido tres meses, noche tras noche. Para comunicarme con el anciano salía de media noche en adelante y para regresar, entraba de la misma manera, de media noche en adelante, porque había un hombre que pagaba porque me mataran. La última noche que se registró eso, llegue yo de regreso de con el anciano, esa noche todavía me perseguían y nos dimos cuenta en esto: estando dos hermanos jóvenes acostados en el portal, despertaron con frío porque les habían quitado la cobija, la cortaron con cuchillo por la mitad y la tiraron al suelo, entonces prendieron la luz y se dieron cuenta de ello y una hermana se las cosió y se metieron porque les dio miedo. A la mañana siguiente llegó un hermano que tenía yo encargado de la obra cuando salía, y le dije: “hermano reúnase dos bestias para salir mañana a Tamazula, Durango, a entrevistarnos con el presidente municipal, ya basta de soportar tanto”. Salimos a Tamazula, dos días y medio de camino a lomo de bestia atravesando la sierra de Durango. Llegamos un día sábado ya para cerrarse el tiempo de audiencia. Nos fuimos de inmediato a la sindicatura donde estaba un testigo de Jehová tratando asuntos. Quería que le dieran permiso para tener una reunión en Carricitos, Tamazula, pero no presentó ningún documento de requisitos de facultades sobre el negocio que llevaba, entonces el presidente le inquirió que si no llevaba credencial de sus facultades, le dijo que si pero que la había dejado en la posada, entonces le indicó que la trajera de inmediato. Saliendo él hablé yo: “señor presidente yo también vengo ante sus facultades p’a edificarme ante usted en nuestro movimiento, yo soy ministro apostólico de la fe en cristo Jesús y tengo una pequeña iglesia de 30 miembros a mi cargo en el Zapote de los Quezada, Durango”. Yo no puse ninguna queja de ultraje porque no estaba identificado, a mi me habían denunciado como un antipatriota porque decimos que no peleamos. Entonces el presidente me preguntó: “¿ustedes no pelean?”. Yo le interrogo: “¿sobre que me hace usted esta pregunta?”. Entonces el me dijo que debía yo estar de acuerdo que cuando hubiera una intervención de extranjeros en nuestro país todos deberíamos empuñar las armas. Entonces yo le dije: “estamos de acuerdo porque a muchos les hacemos el llamado a la unión en Cristo y no quieren, pero vemos que de diario se están quitando la existencia voluntariamente, vemos que de diario los llevan al panteón sin ninguna prevención, mas nosotros nos estamos unificando en Cristo y en la unión está la fuerza, y la salud, en la multitud se consejeros”. Con esas palabras se convenció el presidente que somos ciudadanos mexicanos unidos dentro de nuestro deber general, entonces el se dio cuenta quien era yo. Viendo que me lo había ganado en mis palabras le pedí letra de su mano para presentarla al jefe del cuartel a mi regreso. Él me dice que no las necesito porque nosotros tenemos todas las facultades de nuestro gobierno ampliamente, a más de esto, “mi palabra donde quiera vale”, me respondió él. “Si usted va al jefe del cuartel le dice que estuvo conmigo y el lo va a atender porque mi palabra donde quiera vale, a más de esto, si usted observa cosa contraria a su movimiento hace usted unas letras con su mano y me las manda con uno de los suyos, pero no lo va a necesitar porque mi palabra donde quiera vale”.

De regreso llegué derecho al cuartel y les dije que veníamos de hablar con el presidente municipal y que yo le pedí letra de su mano y no me la quiso dar para que no pensara usted que yo hablaba a personalidades (¿?) porque su palabra donde quiera vale. De ahí para delante prediqué el evangelio libremente por esos lugares. Cuando se dio cuenta mi anciano de la persecución que tenía me pidió que me saliera a las Higueras de Tapaguan donde había hermanos y que desde ahí fuera a visitar periódicamente a los del Zapote, porque en el capítulo 10 de San Juan versículo 11 dice el Señor: “Yo soy el buen pastor y el buen pastor su vida da por las ovejas”

Nunca desatendí la iglesia pero cultos y reuniones de oraciones los tenía de día, para cuando cerraba la noche yo ya estaba desocupado.

Al mismo que me recogió las escrituras y me las quemó, le prestó Bautista Quezada su casa para que se fuera a vivir ahí y así me localizara fácilmente. Cuando me vieron las cuñadas de Luciano (así se llamaba el militar) me avisaron que no lo fuera a ver porque me quería matar, entonces yo les contesté que no tuvieran miedo, que Dios lo había mandado para que lo bautizara a él y a su esposa. De ahí me fui a saludarlo. Las hermanas se quedaron no’mas esperando verme caer, pero llegue saludándolo dándole un buen apretón de manos, me puso una silla, me senté y el se paseaba dando vueltas, agarrándose la pistola y la daga, un color se le iba y otro se le venía, y yo diciéndole que la venganza no es de los hombres sino de Dios (Romanos 12:19). Ahí lo entregó Dios en mis manos y me tocó bautizarlo a él y a su esposa.

De ahí hasta 1943 dejé un encargado en la iglesia y me fui a evangelizar al lugar de Dos Arroyos donde había un hombre que tenía una Biblia. Ese hombre era Domingo Uriarte. Cuando lo fui a visitar por primera vez el me habló de la Biblia, entonces yo le dije que si quería saber más de las escrituras me quedaba esa noche para tener “culto de la Biblia”. Inmediatamente mandó invitar a sus vecinos y amigos. Para la metida del sol estaba llena la localidad. Principié el culto que terminé después de las 9:00 de la noche. Después les presenté a Cristo en una enseñanza. Permanecieron hasta la una de la mañana, entonces les prometí venirme unos tres meses si es que querían seguir oyendo la palabra del evangelio y me lo aceptaron. Al Señor le prometí ayunar esos tres meses diariamente para que me diera miembros en ese lugar, y me concedió a los cuatro meses tener 93 bautismos. Al año Dios me concedió tener templo y cinco hermanos iniciados al ministerio, el segundo año otros cinco, al tercer año otros cinco. Estuve cinco años en ese lugar y el Señor me dio más de veinte ministros.

El año de 1948 me mandó el pastor y anciano a la iglesia de Baromena, Sinaloa.

Para no alargar el tiempo, 35 años tuve iglesias a mi cargo, desde 1940 hasta 1975, cuando entregué la responsabilidad de la iglesia de Pueblo Viejo, Guasave. Compré una casita aquí en Nio, Guasave, Sinaloa, donde tienen su casa todos mis hermanos en Cristo. Dios me dio durante esos 35 años 30 ministros de los cuales hasta hoy dos han sido presbíteros y un Obispo que sirvió 8 años porque fue reelegido, el Hermano Tito Uriarte Armenta.

San Mateo 24:13 “Más el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.

El Hermano Rosendo Pazos Mejía Falleció el 8 de junio de 1996 víctima de una enfermedad crónica agravada por los sufrimientos experimentados en sus últimos años.

Con su esposa, Mª de la Luz Chávez Quezada (Falleció el 7 de enero de 2004) procreó seis hijos: Cristóbal(finado), Orfa Lidia, Rosendo (finado), Ruth Valentina, Rebeca y Rosario.